Los hijos de Sánchez: libro perseguido
LA FUNA LITERARIA
Por Francisco Pérez Arce Ibarra   |    Marzo de 2026
En los años 50, la cinta Los olvidados de Luis Buñuel escandalizó a las buenas conciencias —por ejemplo, la del célebre Jorge Negrete— por contrariar la visión folclórica y romantizada de la pobreza en la gran ciudad. En los 60, un libro ofendió la imagen de redención del progreso mexicano —por la crudeza con que registraba la vida marginal y violenta de la urbe— a tal punto que autor, editor y editorial enfrentaron incluso una demanda legal: eran una verdadera piedra en el zapato, epítome de la resistencia a la censura.
En 1964, el FCE publicó Los hijos de Sánchez del antropólogo estadounidense Oscar Lewis. No era un autor nuevo, antes había publicado Antropología de la pobreza, donde exponía una idea original, y sumamente polémica: la existencia de una “cultura de la pobreza”. Y también una metodología: seguir la vida de una familia al recabar historias de sus miembros en sus propias palabras. En Los hijos de Sánchez lleva la experiencia al extremo. La reconstrucción es detallada, el lenguaje recogido es exacto. El resultado es un cuadro realista extraordinario. Un material valiosísimo no sólo para antropólogos sino para cualquier lector interesado en la vida urbana del medio siglo XX, durante el periodo del crecimiento explosivo de las ciudades, de la acelerada migración del campo a la ciudad, de la importación de costumbres rurales y el choque con realidades urbanas, del surgimiento de un lenguaje adecuado a condiciones de vida desconocidas, de las reglas no escritas de la vida en vecindades sobrepobladas. Era el fruto de un trabajo profesional de años con el método de la grabadora, y estableciendo una relación muy cercana con los miembros de aquella familia, que, por cierto, no se apellida Sánchez. Si se presentara como una novela sería una “novela de no ficción”. Como no es una novela, es un relato realista, crudo, que da cuenta de la vida en las vecindades del centro de la ciudad de México. Es también uno de los libros inaugurales de la “antropología urbana”. Hasta entonces, la antropología se concentraba en el estudio de los pueblos que se consideraban marginados del desarrollo. Culturas que el pensamiento colonial etiquetaba de atrasadas, o arcaicas. A mediados del siglo XX, la antropología superaba esa visión colonialista. La antropología podía ocuparse también del estudio de la cultura en el seno mismo de las grandes ciudades. Y en ese aspecto, la obra de Oscar Lewis tiene gran relevancia. En suma, Los hijos de Sánchez era un libro extraordinario destinado a convertirse, si no en un éxito de ventas, sí en un libro importante, provocador de debates, citado mil veces, leído con interés por académicos y legos. Pero acarreaba un problema: exponía una realidad que el gobierno del presidente Díaz Ordaz y su corte no querían reconocer. O, mejor dicho, que no quería que se conociera y contrastara la versión oficial de un país en pleno progreso, de una sociedad bien portada y satisfecha con su realidad… y con sus gobernantes. Entonces el libro fue acusado de mentiroso, antipatriota, obsceno, que describe escenas impúdicas y utiliza un lenguaje soez, y reproduce opiniones difamatorias contra el gobierno. Se convirtió en un libro perseguido.
El 11 de febrero de 1965, cuando ya se había agotado la primera edición, y la segunda estaba en curso, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística presentó una denuncia ante la Procuraduría en contra de Oscar Lewis y del Fondo de Cultura Económica por actos delictuosos definidos en la Ley de Imprenta; del delito de ultraje a la moral pública, del delito de difamación, así como del delito de disolución social, todos ellos previstos en el Código Penal. La Procuraduría abrió una averiguación previa que se desarrolló en los meses siguientes. La demanda fue contestada por el autor y por Arnaldo Orfila, entonces director del Fondo de Cultura Económica. En la prensa se condenaba agriamente a los extranjeros antimexicanos, el gringo y el argentino (Orfila era argentino). Pero también hubo una defensa firme de escritores e intelectuales.
El Ministerio Público resuelve que no hay delito que perseguir. Exonera al autor y al editor en abril de 1965.
El Fondo de Cultura Económica y el autor fueron exonerados, pero no dejaron de ser perseguidos. En ese mismo 1965, el rencoroso presidente Díaz Ordaz despidió a Orfila de la dirección del FCE. Y el libro dejó de publicarse en esa editorial. Pero ambos sobrevivieron. El primero, con el apoyo inmediato de un gran número de escritores y académicos, fundó una nueva editorial. El capital necesario se reunió con acciones adquiridas por cientos de intelectuales solidarios. El resultado fue una sociedad por acciones muy democrática. Muchos de los autores que habían enriquecido el catálogo del FCE migraron a la nueva empresa, y en poco tiempo, Siglo XXI Editores se convirtió en una referencia poderosa en el mundo editorial mexicano y latinoamericano.
Los actos de solidaridad con Orfila eran una condena airada a la censura gubernamental, y una defensa firme de la libertad de expresión. Entre los muchos gestos solidarios, merece destacarse el de Elena Poniatowska, quien prestó una casa de su propiedad para que en ella operara la nueva empresa. Y durante varios años fue la sede de Siglo XXI.
El mismo editor, Arnaldo Orfila, que había robustecido intelectualmente al FCE, en muy poco tiempo constituyó un catálogo que reunía obras indispensables para la cultura nacional y mundial, de autores clásicos y contemporáneos. La censura y la represión del gobierno diazordacista dieron lugar al florecimiento de una nueva gran empresa que enriqueció el panorama editorial de México.
El libro perseguido, Los hijos de Sánchez, se hizo más famoso y fue más leído. Destino que suele repetirse con los libros que quisieron ser acallados. Siguió publicándose en otras editoriales, y al cabo de un tiempo, regresó al Fondo de Cultura Económica. Más de medio siglo después, se reimprime continuamente, es considerado un libro clásico, que inauguró la antropología urbana e innovó la metodología de investigación de campo.
El libro perseguido, el autor, el editor y la editorial se convirtieron en protagonistas de la resistencia a la censura que acabó enriqueciendo el ámbito cultural no sólo de México, sino de toda América Latina.
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REFERENCIAS
· Oscar Lewis, Antropología de la pobreza. Cinco familias, trad. de Emma Sánchez Ramírez, pról. de Oliver La Farge, col. Antropología, Fondo de Cultura Económica, México, 2012, 2021.
· Oscar Lewis, Los hijos de Sánchez. Autobiografía de una familia mexicana / Una muerte en la familia Sánchez, pról. de Claudio Lomnitz, epílogo de Susan M. Rigdon, col. Antropología, Fondo de Cultura Económica, México, 2012, 2025.
El escritor, historiador y activista FRANCISCO PÉREZ ARCE IBARRA (Tepic, 1948) es maestro en Economía por la UNAM y actualmente es director editorial del FCE. Ha escrito novela, ensayo y crónica social; entre sus libros figuran A muchas voces, 1994: el año que nos persigue, Caramba y zamba la cosa: El 68 vuelto a contar, La huelga que vivimos, Primo Levi, historia de un escritor sobreviviente del Holocausto y las novelas El último metro, la trilogía compuesta por Septiembre, Xalostoc y Hotel Balmori, así como El día de la virgen, Dios nunca muere y La Blanca. Ha colaborado en diversas publicaciones, como El Universal, La Jornada, Siempre!, Información Obrera y Nexos. Ha sido profesor en la ENAH y la UNAM, investigador y director de Estudios Históricos del INAH, donde coordinó el seminario México Contemporáneo. En 2025 recibió la medalla Alí Chumacero por su amplia trayectoria en el ámbito literario con compromiso social.