Nombrandeando andabas, Abigael
LA FUNA LITERARIA
Por Zamira Bringas   |    Marzo de 2026
¿Maldición o iniciación? Un poeta en la marginalidad infringe el uso preestablecido de la palabra y dice verdades incómodas. Su voz transgresora generó ámpula en su momento, pero su exclusión contribuyó a una transformación en la poesía mexicana. Abigael Bohórquez desde la perspectiva de los arquetipos universales, que trascienden la temporalidad de los criterios.
El excluido que se convirtió en leyenda
Relegado por el círculo de vacas sagradas de la cultura mexicana de su época, Abigael Bohórquez (1936-1995) encarnó una paradoja fundamental: la exclusión sistemática que parió una transgresión literaria absoluta, o quizás, visto desde otro ángulo, fue su transgresión inherente lo que fabricó su exclusión. Poeta sonorense desarraigado dos veces de su tierra —primero, cuando en 1956 le negaron impartir clases de teatro en la Universidad de Sonora, teniendo estudios de Composición Dramática y Teatro de la Academia Andrés Soler en la Ciudad de México; luego en 1991, cuando su vasta obra y premios valieron menos que un título universitario ante la Escuela de Letras—, Bohórquez fue “el hijo de la limosna en un pueblo lleno de saliva”, según sus propias palabras.
Su vida fue un catálogo de rechazos: sin padre, hijo de madre soltera —“y fui mi huérfano, mi bastardo”—, con trabajos marginales en el DF (ahora Ciudad de México), Chalco y el Estado de México, escribiendo artículos por necesidad en El Independiente y Opinión. El sistema literario mexicano le enseñó que ser provinciano, homosexual y transgresor equivalía a pasar hambre. Hasta sus triunfos venían con sal amarga: cuando sí ganaba algún premio, no le cumplían la prometida publicación y a veces ni el dinero del galardón. En 1993 obtuvo el Premio Clemencia Isaura, sólo para recibir críticas feroces de detractores anónimos.
Pero he aquí el giro del destino: quien fue excluido de antologías canónicas —las de Monsiváis, Paz, Pacheco, Zaid— terminó siendo incluido por la poesía misma. La poesía le dio el permiso supremo: inventar palabras, transformar la gramática, ser irreverente. ¿Y quién discute con la poesía? ¿Quién se atreve a cuestionar su veredicto sobre quiénes merecen permanecer, cuando las antologías “hechas a modo” por intelectuales bien conectados se vuelven polvo en el tiempo?
El arquetipo del Excluido: Maléfica como espejo
La vida de Bohórquez repite el arquetipo del Excluido —ese factor invisible del inconsciente colectivo que, según Carl Gustav Jung, ordena el material consciente para formar figuras reconocibles, traduciendo lo invisible en imágenes comprensibles—. Un ejemplo es Maléfica, la decimotercera hada no invitada al bautizo de la Bella Durmiente. La excluida por excelencia llega sin invitación y rompe la fiesta con su verdad cruda. En la versión de los Grimm, su sentencia es mortal; en la de Hugo Hiriart en Galaor, es aún más reveladora: cuando las hadas dan sus dones, la princesa se deforma grotescamente —crece su garganta con el don del canto, se atrofian sus miembros con cada “regalo”— hasta volverse un monstruo. El hada excluida, entonces, no la maldice: la salva con un sueño que espera amor verdadero.
Bohórquez fue nuestra Maléfica literaria. Descartado del banquete cultural, llegó sin invitación y pronunció las palabras que nadie quería oír: que el rey estaba desnudo, que el sistema era corrupto, que el deseo homosexual existía, que el sida mataba. Como la de Maléfica, su “maldición” fue en realidad una iniciación: sin su voz transgresora (y las de otros varios transgresores, por supuesto), la poesía mexicana habría seguido siendo una princesa consentida y mal formada por dones vacíos. Su exclusión generó el trance necesario para el renacimiento. Morir para renacer. Se trataba de un rito de paso.
El Trickster: embustero divino
Pero Bohórquez también encarnó otro arquetipo: el Trickster, el engañador, el tramposo, el pícaro, el granuja, el embaucador sagrado; con matices importantes que lo distinguen de un simple mentiroso o estafador. El Trickster es un personaje arquetípico de la mitología y el folclore de varias culturas. Es una figura que rompe las reglas establecidas, a menudo con astucia y humor, desafiando a dioses, autoridades o normas sociales. No es necesariamente malvado, incluso puede ser un “transgresor creativo” que, con sus travesuras, provoca cambios en el mundo o revela verdades incómodas.
En psicología, específicamente en la psicología junguiana (basada en la teoría de Carl Jung), se le considera un arquetipo universal representante del caos, el inconsciente y la transformación; una fuerza que desestabiliza el orden preestablecido para evitar el estancamiento.
Como Hermes en la mitología griega, Coyote en la mitología navajo o Loki en la nórdica, el Trickster es el agente del caos creativo que usa la astucia, no la fuerza, para subvertir el orden. Sus características —transgresión de límites, forma cambiante, doble moralidad— definen fielmente al poeta sonorense:
Agente del cambio: Desobedeció todas las reglas —sociales, gramaticales, sexuales— para catalizar una nueva poesía. Hoy, su reconocimiento póstumo prueba que el caos que había sembrado fructificó en evolución literaria.
Transgresor de límites: Cruzó fronteras entre lo culto y lo coloquial, lo sagrado y lo obsceno, lo humano y lo animal, como en su conmovedor poema “Llanto por la Muerte de un perro”:1
Mi perro siendo perro no mordía.
Mi perro no envidiaba ni mordía.
Como los que no siendo perros descuartizan,
destazan,
muerden
en las magistraturas,
en las fábricas,
en los ingenios,
en las fundiciones,
al obrero,
al empleado,
al mecanógrafo,
a la costurera,
hombre, mujer,
adolescente o vieja.
Forma cambiante: Transformó hasta su nombre —de Abigaíl a Abigael para sonar “más varonil”, de Bojórquez a Bohórquez porque “la jota soy yo”—. Reinventó su identidad como reinventaba el lenguaje.
Doble moralidad: Fue a la vez víctima y verdugo, marginal y crítico feroz. Cuando le dijo a Carlos Monsiváis que no parecía de izquierda sino “buscador de premios”, ejerció esa moralidad ambivalente del Trickster que denuncia desde el margen.
La transgresión como respuesta orgánica
La exclusión generó en Bohórquez una transgresión total que operó en tres niveles:
En el lenguaje: Creó los “abigaelismos” —esa convulsión gramatical donde verbos se hacían sustantivos y sustantivos verbos—. “Primaverizo yaces,/ deleital y ternúrico,/ y nadie es como tú, cervatillo matutinal,/ silvestrecido y leve...” Inventó palabras, tal vez, porque el mundo existente no tenía léxico para su experiencia.
En la temática: Fue pionero en el homoerotismo explícito y la poesía del sida décadas antes de que fueran temas aceptables. Su Poesida no es sólo testimonio: es profecía literaria de una crisis global.
Y de repente, el Sida.
¿Por qué este mal de muerte en esta playa vieja
ya de sí moridero y desamores,
en esta costra antigua
a diario levantada y revivida,
en esta pobre hombruna
de suyo empobrecida y extenuada
por la raza baldía? Sida.
Qué palabra tan honda
que encoge el corazón
y nos lo aprieta.
Afuera, al sol,
juguetean los niños,
agrio viento,
con un barco menudo
en mar revuelto.2
En la performatividad: Convertía lecturas en performances que la crítica tachaba de “apología de la homosexualidad”. Como Trickster, usaba el humor y el sarcasmo antisolemne para desacralizar la gravedad literaria.
Un cronista de la ciudad al que nadie invitó a la fiesta
Paradójicamente, este excluido fue uno de los cronistas más agudos de la Ciudad de México, el centro que lo marginaba. En “Canción de la ciudad de México bajo la tormenta y de la lluvia sin Laura”,3 teje topografía y emoción:
Por Reforma próceres olvidados y mejor encaramados
enarbolan su incurable porfía
de estar ahí centinelas del tráfago mirando
como pasa la vida tan mojando.
[…]
La Torre es como un mástil de diluvio.
Llueve.
Lo más cristal de Dios.
[…]
Poseidón de impermeable
pita en Cinco de Mayo
Aquí, el Trickster transforma la ciudad en mitología contemporánea: “Tláloc hiere de dulzura”, “el Correo Mayor zarpa”, “San Juan de Letrán quiebra brújulas”. El excluido comprendía el centro de la ciudad mejor que los incluidos.
Solidaridad radical del marginado
Contra todo egoísmo esperable en un excluido, Bohórquez mantuvo una solidaridad radical con los sufrientes: los negros de Alabama, los judíos de Auschwitz, los obreros, Rubén Jaramillo. Su poesía fue testimonio de los crímenes de odio décadas antes de que el término existiera.
Todo caía en pozos sin remedio,
en la muela el amor no respondía
porque no fue palabra nunca felicidad.
Hazme una cruz de cólera.
Toma el escupitajo.
Que, ¿no habrá quien nos salve?
Tuyas, patrón, la tierra, la mujer y la hija,
el pero y la cosecha;
mías las lágrimas, la bofetada,
sólo mías la cicatriz, la esclavitud,
la tisis;
tuyo, patrón, el vaso del aroma.4
Resulta un acto de injusticia histórica que un poeta tan solidario, tan exquisitamente hábil, viviera tanta precariedad. Pero quizás era inevitable: el sistema no podía tolerar al Trickster que desenmascaraba sus hipocresías.
Reconocimiento tardío: la venganza del arquetipo
Como todo buen Trickster, Bohórquez ganó después de la partida. Su inclusión póstuma en Las amarras terrestres, Sol de mi antojo, El gallo y la perla, y la reciente La ciudad de los poemas5 prueba que los arquetipos son más poderosos que los cánones temporales.
Hoy, cuando se musicalizan sus poemas —“Exordio”, por Gerardo Peña o “Patria”, por Miguel Bejarano—, cuando se estudia su obra desde perspectivas distintas, cuando su dramaturgia espera aún descubrimiento, el excluido ha ocupado el centro. Al final, Maléfica tenía razón: su “maldición” era el don necesario para el despertar.
La vida de Abigael Bohórquez demuestra que la transgresión más auténtica muchas veces nace de la exclusión más brutal. O quizás, en un círculo perfecto, la transgresión innata provoca la exclusión que la alimenta. Como Trickster y como hada marginal, Bohórquez cumplió su función arquetípica: desordenar el orden establecido para revelar verdades más profundas. Su poesía es el testimonio de que, en el juego del poder cultural, para ganar, primero se corre el riesgo de perder todo, excepto la palabra. Y la palabra, a fin de cuentas, es lo único que perdura cuando se apagan las luces de los banquetes a los que nunca fuimos invitados.
Abigael Bohórquez sintió, amo, escribió, reescribió, transgredió y pasó a la historia de la literatura mexicana, pese a todo y aunque no fue en vida. Ahora nos toca, a todos los que hemos tenido el privilegio de leerlo y apreciarlo, difundir más su obra.
1 Fragmento; del libro Las amarras terrestres. ![[flecha]](../_IMGS/_PNG/arrow_up.png)
2 Fragmento del poema “Desazón” de su libro Poesida. ![[flecha]](../_IMGS/_PNG/arrow_up.png)
3 Del libro Las amarras terrestres. ![[flecha]](../_IMGS/_PNG/arrow_up.png)
4 Fragmento del poema “Canción de amor y muerte por Rubén Jaramillo”, en Las amarras terrestres. ![[flecha]](../_IMGS/_PNG/arrow_up.png)
5 En 2000, la Dirección de Difusión Cultural de la UAM publicó una antología de la poesía de Abigael Bohóquez de 1957 a 1995: Las amarras terrestres, en su colección Molinos de Viento, con nota, prólogo y selección de Dionicio Morales. Al año siguiente, Plaza & Janés incluyó a Bohórquez en Sol de mi antojo: Antología poética del erotismo gay, selección de Víctor Manuel Mendiola. Diez años más tarde, en 2011, la Dirección General de Publicaciones de la UNAM, a través del Programa Universitario México Nación Multicultural, hizo lo propio en El gallo y la perla: México en la poesía mexicana, selección de Christian Peña y Antonio Deltoro, con prólogo de este último. En 2021, Claudia Kerik publicó un trabajo de treinta años de investigación en el que incorporó a Bohórquez: La ciudad de los poemas: Muestrario poético de la Ciudad de México moderna, de Ediciones del Lirio y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. ![[flecha]](../_IMGS/_PNG/arrow_up.png)
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REFERENCIAS
· Gerardo Bustamante Bermúdez, “Abigael Bohórquez, poeta del ahora. Un poeta del siglo XX para el siglo XXI”, en Replicante, 11 de marzo de 2024, https://revistareplicante.com/abigael-bohorquez-poeta-del-ahora/
· Hermanos Grimm, “La bella durmiente”, en Childstories, https://www.childstories.org/es/la-bella-durmiente-1870.html
· Hugo Hiriart, Galaor / Ámbar, Debolsillo, México, 2019.
· Jolande Jacobi, Complejo, arquetipo y símbolo, Fondo de Cultura Económica, México, 1983.
· Carl Gustav Jung, Obra completa, vol. 9/1, Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Trotta, Madrid, 2002.
· “Evocan a Abigael Bohórquez, el gran poeta de Sonora, en una charla”, en YouTube, @culturasinaloa, 17 octubre de 2024, www.youtube.com/@culturasinaloa/Abigael_Bohórquez
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Psicóloga clínica y maestra en Análisis Junguiano, ZAMIRA BRINGAS (Ciudad de México, 1956) estudió también Lengua y Literatura Hispánicas, así como Literatura Dramática y Teatro en la UNAM. Ha impartido clases de Psicología del Mexicano e Historia de la Cultura Occidental. Es autora de La vergüenza y la locura. Lo femenino integrando su animus: Para entrar y salir de cualquier laberinto; del poemario Frente al I Ching, y de la novela Nunca fuimos por un helado.