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“El extraño misterioso y otras historietas”, de John T. McCutcheon, Nueva York, McClure, Phillips & Co., 1905. Imagen: Commons
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Editorial

CUENTOS INESPERADOS PARA RECIBIR EL INVIERNO

Por Dania M. Vándalos   |    Diciembre de 2025


Son muchas las tretas que ha inventado el ser humano para capturar el tiempo y sus guiños, delicados sucesos que nos tocan con la peculiaridad del asombro, pero cualquier estratagema se ve rebasada con frecuencia por la destreza literaria de un cuento o, por el contrario, se sigue de largo en la súbita curva, esa que acaba de agarrar tan bien la pericia del relato —con su instante vívido y sorprendente, como suspendido en el aire—, justo antes de dar un enfrenón, feliz reflejo. Es porque el escribiente se aferra a su intuición para crear, en la vastedad de observaciones y artificios posibles. Pero si de repente las limitaciones propias del género cuentístico o de los accidentes del terreno lo orillan a dar un volantazo y caer en la cuneta, el conductor simplemente se reincorpora a la continuidad de la escritura, hacia delante, más allá, aunque raye con neumático el asfalto por culebrear sin sentido de vez en cuando. Ya podrá reivindicarse al otro día sobre la marcha si va por la libre ficcionando, pues no tiene caso dar la vuelta en U para rectificar demasiado pronto. Más vale proseguir una historia en automático, porque a fin de cuentas el autor vive el acontecer, mal que bien, y en medio de tal acontecer es que escribe, explorando para descubrir, entre bache y bache, cómo trasmutar la experiencia vital hasta sus significaciones más hondas. Así más o menos refiere César Aira su proceder al escribir, mientras y seguido, sin punto ni aparte, de continuo y en tal suspensión creadora que parezca un levitar apacible incluso a toda velocidad y en plena combustión.

Aira es uno de los escritores que mejor han advertido las señales de su intuición en las rutas infatigables de la escritura, igual que la poeta Marosa de Giorgio o Etgar Keret, Marcel Schwob, Clarice Lispector y Sergio Pitol; Marguerite Yourcenar, Samanta Schweblin, Roberto Bolaño y Octavio Paz junto con uno de sus textos en prosa, a caballo entre el poema y el cuento; todos ellos reunidos en esta entrega de la revista sin otro criterio que la fascinación por las piezas elegidas, así como las imágenes de sus portadas, que comparten la ironía del ambiente decembrino aunque los cuentos no lo refieran en sus tramas.

En días que oscurecen pronto como ahora que es época de frío y viento seco —por las estaciones de siempre y por los tiempos que corren—, viene muy bien regalarse un rato y un gusto para deslizarse hasta el punto más desconcertante en la lectura de uno y otro cuento, que son doce como la cuenta de los meses o las uvas deseosas y las campanadas a la medianoche para cerrar el año y estrenar el que sigue. Qué mejor forma del porvenir que embelesarse con literatura en invierno.